Rómulo y Remo: la historia de los gemelos y la loba, contada para niños

Rómulo y Remo: la historia de los gemelos y la loba, contada para niños

Una cesta baja por el río Tíber. Dentro van dos bebés gemelos. Nadie los espera en la otra orilla, nadie los busca, y la corriente decide por ellos dónde van a parar.

Así empieza una de las historias más famosas que se han contado nunca: la de Rómulo y Remo, los hermanos que fundaron Roma. Es una leyenda que los propios romanos se contaban a sí mismos para explicar de dónde venían, y tiene todo lo que engancha a un niño: animales que salvan, hermanos que discuten, y una ciudad que nace de la nada.

Aquí te la contamos entera, en orden, con las partes que suelen quedarse fuera y con las preguntas que los niños hacen siempre.

Los gemelos en la cesta

Rómulo y Remo nacieron en una familia real, pero su tío abuelo les había quitado el trono a sus padres. Temiendo que los niños se lo reclamaran cuando crecieran, ordenó que los echaran al río.

El criado encargado de hacerlo no fue capaz. Dejó la cesta en la orilla, entre los juncos, y se marchó. El Tíber estaba crecido, y en vez de arrastrarla, el agua la depositó suavemente al pie de una higuera.

La loba que los encontró

Lo que pasó después es la imagen que todo el mundo reconoce, aunque no sepa la historia: una loba bajó a beber, oyó a los bebés llorar y, en lugar de atacarlos, los amamantó.

A los niños les fascina esta parte porque rompe lo que esperan de un lobo. Merece la pena detenerse ahí y preguntarles por qué creen que la loba hizo eso. No hay una respuesta correcta — la leyenda tampoco la da.

Más tarde apareció un pastor llamado Fáustulo, que se llevó a los gemelos a su casa y los crió con su mujer como si fueran suyos. Rómulo y Remo crecieron sin saber quiénes eran.

Cuando descubren la verdad

De mayores, los hermanos se convirtieron en jefes de un grupo de pastores y jóvenes. En una pelea, Remo fue capturado y llevado ante el rey — y allí, hablando con él, la historia de su origen salió a la luz.

Los gemelos devolvieron el trono a su abuelo. Y entonces, en lugar de quedarse, decidieron hacer algo más difícil: fundar su propia ciudad, en el mismo lugar donde el río los había dejado.

La discusión que lo cambió todo

Aquí la leyenda se pone incómoda, y es justo la parte que hace que los niños se queden pensando.

Los hermanos no se pusieron de acuerdo. Rómulo quería levantar la ciudad en la colina del Palatino; Remo prefería el Aventino. Decidieron dejar que lo resolvieran las aves: quien viera más pájaros, elegiría. Remo vio seis. Rómulo, poco después, vio doce. Los dos se declararon ganadores.

Rómulo empezó a trazar el muro de su ciudad. Remo, burlándose, lo saltó de un brinco. Y en la discusión que vino después, Rómulo mató a su hermano.

Cómo contar esa parte a un niño

Es una leyenda antigua y no tiene un final amable. No hace falta esconderlo, pero sí ponerlo en su sitio: los romanos no contaban esto como un ejemplo a seguir, sino como una advertencia sobre lo que pasa cuando el orgullo puede más que el cariño.

Una pregunta que funciona bien: «¿qué podrían haber hecho en vez de pelearse?». Casi todos los niños encuentran tres o cuatro salidas que a los gemelos no se les ocurrieron.

Roma empieza vacía

Rómulo terminó su ciudad y se encontró con un problema práctico: no vivía nadie en ella. Abrió las puertas a quien quisiera venir — pastores, viajeros, gente que huía de otros sitios— y así se llenó.

Pero seguía faltando algo, y de ahí viene la siguiente historia: Las Mujeres Sabinas, que cuenta cómo los romanos y sus vecinos acabaron formando un solo pueblo después de un comienzo pésimo. Es un cuento sobre reconciliación, y funciona muy bien como continuación natural del de los gemelos.

El otro gran héroe romano: Horacio

Si Rómulo y Remo explican cómo nació Roma, Horacio en el puente explica cómo sobrevivió.

Horacio fue un soldado que se quedó solo defendiendo un puente mientras, a su espalda, sus compañeros lo derribaban para impedir que el ejército enemigo cruzara. Es una historia corta, de una sola escena, y a los niños de 6 a 9 años les encanta porque la tensión es muy fácil de seguir: un hombre, un puente, y un tiempo que se acaba.

¿Qué hay de verdad en todo esto?

Roma existe, desde luego. Y la arqueología ha encontrado restos de un poblado en el Palatino que encajan más o menos con la fecha que daban los romanos (el 753 a. C.).

Lo de la loba es otra cosa. Hay quien piensa que la palabra latina lupa, que significaba «loba», se usaba también para llamar a las mujeres que trabajaban cuidando animales — y que la «loba» de la leyenda pudo ser una pastora. No lo sabemos. Y no pasa nada: a los niños les gusta que un adulto diga «esto no se sabe».

Roma y Grecia: los mismos dioses con otros nombres

Una duda que aparece siempre en cuanto un niño conoce las dos mitologías: ¿por qué se parecen tanto?

Porque los romanos adoptaron buena parte de los dioses griegos y les cambiaron el nombre. Zeus pasó a ser Júpiter; Hera, Juno; Ares, Marte. Incluso Hércules, el héroe más fuerte, es el Heracles griego con nombre romano.

Por eso muchas historias «romanas» que se cuentan hoy —el caballo de Troya, Medusa y Perseo— son en realidad griegas de origen. Explicárselo a un niño le ahorra bastante confusión más adelante.

Por edades

  • 3 a 5 años: la cesta, la loba y el pastor. Se puede terminar ahí, cuando los gemelos crecen felices.
  • 6 a 8 años: la historia completa, incluida la pelea, con la conversación sobre qué podrían haber hecho de otra manera.
  • 9 a 11 años: añade la parte histórica — qué encontró la arqueología, por qué los romanos contaban esto, y el paralelismo con los dioses griegos.

Escúchala en vez de leerla

Las tres historias romanas están narradas en audio y se pueden escuchar con los ojos cerrados, que para muchos niños es la mejor forma de recibir una leyenda: Rómulo y Remo, Las Mujeres Sabinas y Horacio en el puente.

Y si la mitología engancha en casa, la colección de mitología tiene también las griegas, con Hércules, Medusa, el Minotauro y el caballo de Troya.

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Empieza por aquí: Rómulo y Remo, narrado y con ilustraciones.